Grandes jugadores del TRL: Pica Fernández

A un año de su retiro, Pica recorre su carrera de punta a punta. Fueron más de 15 años en los que se mezclan los gratos recuerdos con otros que no lo son tantos. La satisfacción de haber jugado con sus 3 hermanos en la primera de CRAI junto a la tristeza en la final de 2008. Además, desde España, el relato de un try increíble.

foto: Federico Fernández

Federico abre la puerta de su casa y sin demasiado protocolo invita a pasar. “Anda para el escritorio”, dice mientras se va a la cocina a poner el agua para los mates. El escritorio, sin dudas, es su lugar en el departamento. Las paredes, llenas de cuadros y fotos reflejan el paso de los años y todas las aristas del personaje. De traje recibiendo el título de abogado, vestido de jugador, con una pelota o dando alguna nota a la prensa. Su familia y su novia se repiten más de una vez. La foto de su tío desaparecido con una poesía dedicada deja ver su costado político que se refuerza con algunos libros sobre la materia que descansan en la biblioteca. Pero el centro de la escena lo ocupa un cuadro mucho más grande que los demás. Es el que tiene la camiseta 22 del CRAI, la del Loco, firmada por mucha gente del club al momento de su retiro.

El primer retrato de Pica está hecho pero falta lo más jugoso, el repaso de su extensa y satisfactoria carrera. Jockey, CRAI, Alumni (Buenos Aires), La Vila (España) y el seleccionado de la USR fueron las camisetas que lo vistieron a lo largo de 17 años. Las anécdotas y los amigos son muchos y por eso la charla se extiende por casi una hora.

Como la mayoría de los chicos, Federico soñó con ser jugador de fútbol y antes de decidirse por la ovalada también probó con el basquet en Unión.

“Empecé a jugar en Jockey con Jorge, mi hermano más grande. Gonzalo jugaba en el club y al año que empezamos a jugar nos quería convencer para que vayamos al CRAI y nosotros no queríamos. En Jockey estábamos bastante a gusto y, bueno, cuando se disolvió Jockey -yo habré tenido 8 años y Jorge 10- ahí nos fuimos al CRAI”, dice al tiempo que recuerda que en esos años solo había una cancha, el quincho y unos vestuarios donde el agua caliente era un utopía.

Tincho Paéz, Juanjo Acuña, Genaro Lassaga, Fito Liendo se cuentan entre los primeros compañeros mientras que Tito Questa y Quico Salva fueron su primeros entrenadores. Pica los nombra y suelta una de las primeras risas.

“Un viaje a Buenos Aires, a un Nine de la UAR. La división dormía en el Liceo Militar. Estábamos por irnos a dormir y entró, vestido de general del ejército, Maní Rostand. Nosotros, que no lo conocíamos, nos asustamos por los retos. Nos hizo acostar a las 12. Después, él y Tito se fueron de joda”.

Juveniles

Los mates se van enfriando al mismo tiempo que Federico se va soltando en el relato de esos primeros años. “De las juveniles me acuerdo de todo. Nosotros éramos una división que, digamos, estábamos catalogados por ser muy unido, por tener mucho huevo pero nos faltaba técnica supuestamente, con eso nos cargaban los amigos mayores”, cuenta como primera definición de lo que era la 75.

“A veces entrábamos a los partidos con 13 porque, además de que siempre faltan jugadores en las juveniles, si alguno faltaba a práctica lo raleábamos los mismo compañeros. A veces hasta nos hemos plantado con algún entrenador. Llegamos a entrar en un clásico con SFRC con 13 jugadores. Perdíamos, casi siempre perdíamos pero bueno, manteníamos nuestras pequeñas convicciones”.

Aunque las cosas cambiaron, cuenta, cuando se mezclaron con otras categorías. “Recién empezamos a tener éxito a los 18, 19 años. Primero cuando nos juntamos con la división de Gonzalo, Víctor, Juan Martín y después, al otro año, cuando seguimos con los más chicos. Igual ese segundo año no lo jugué porque estuve en Alumni. Solamente me beneficié yendo al Veco los dos años”.

Buenos Aires fue donde Pica llevó sus ganas de ser periodista deportivo aunque rápidamente las dificultades económicas le impidieron seguir. De todos modos se quedó en la capital durante todo un año. “Lo que me mantuvo allá fue el rugby”, asegura.

“Arranqué jugando en la segunda división de juveniles, en el equipo B, y me fui ganando un lugar con el correr de los partidos. Yo venía de estar en el pre seleccionado de Los Pumitas. Terminé jugando en equipo titular que salió segundo, perdimos la final con La Plata. La verdad que me hice muy buenos amigos”.

La Primera

Cuando volvió de Buenos Aires empezó a jugar en el primer equipo del CRAI. En esos primeros años, en los que todavía no existía el TRL, compartía equipo con Quico Salva que llevaba la 10. También durante esos años recibió los primeros llamados al seleccionado de la USR. Allí, cuenta, le daba un poco de vergüenza ser el titular de Cococho Álvarez.

Más adelante, en 1998, llegó la gira por Sudáfrica. Un recuerdo imborrablo para él. Además de la experiencia humana, el viaje les permitió crecer en lo deportivo. “La gira fue bárbara,. Volvimos con una mentalidad totalmente distinta, y nos permitió ganar el torneo regional contra Duendes y fuimos, durante los dos primeros años del TRL, los mejores de Santa Fe. Después de muchísimos años pudimos superar a Uni y Santa Fe. Eso lo festejamos mucho”, recuerda Fede.

En estos años es donde Pica ubica uno de sus dos mejores momentos como jugador. “El 2001, cuando salimos campeones y yo jugaba de wing, hice muchos tries”. Uno de los motivos es, según sus propias palabras, haber sido entrenado por Piojo (Claudio Viescas), quien sacó lo mejor de él dentro de una cancha.

España

El 2002, con la crisis de país como excusa, Pica empieza a pensar la idea de probar suerte afuera. Claro que no estaba solo, lo acompañaba su amigo de toda la vida, Falu Quirelli. La idea era irse a Italia pero terminaron en España por un contacto que les hizo Julito Tejerina. Otros que también viajaron para la Madre Tierra fueron dos de sus hermanos, Jorge (a Salamanca) y Goli (a Barcelona).

Con Falu, compañero de aventuras

Con Falu, compañero de aventuras

“Fue una experiencia espectacular, cuando llegamos nos queríamos volver y cuando llegó el momento de pegar la vuelta, nos queríamos quedar. Conocí Europa gracias al rugby y tengo amigo con los que todavía sigo hablando”, resume el Loco.

Aunque el mejor recuerdo nos llega desde allá, desde La Vila. Relatado por Oscar David, uno de los amigos que no se olvidará jamás de Federico.

No recuerda ni fecha ni hora, sólo que era de noche. Las luces dejaban sin sombra cualquier parte del terreno de juego. Fue sobre el minuto 65 que nuestro jugador, Pika Fernández, por desgracia fue expulsado. Cabizbajo, por haber dejado a su equipo con un jugador menos, en un partido muy igualdado, él se sentó justo en mitad del lado izquierdo de campo, a un metro de la banda… el partido prosiguió. La Vila aguantaba las embestidas constantes del equipo inglés, placajes a muerte, NUESTRO CAMPEONATO DEL MUNDO ESTABA EN JUEGO

La línea de tres cuarto de la La Vila montada, Falu-Lucas-Hueso-Óscar- Yusti- Kiko (¿Pika? no, estaba fuera EXPULSADO, sentado al lado de la línea). Ruck en campo contrario, sobre los diez metros, los tres cuartos vileros salen disparados, pases de balón mega-tensos a las manos no cortan la velocidad de Lucas hacia la línea de ensayo adversaria. Les queda el zaguero, Lucas le pasa el balón a Óscar, él sabe que no queda ningún atacante más a su lado, acelera, el zaguero contrario le sigue, él cree que va llegar a la línea de ensayo sin problemas, pero… de repente… oye tras de sí, a un compañero. Extrañado por la velocidad de éste (no había nadie hacía un segundo!!!), fija al zaguero contrario, y suelta lentamente el balón hacia la izquierda hacia el “jugador rápido” pero sin comprender nada. Solo, solito, entra en zona de marca y planta el balón, GANAMOS EL PARTIDO. Miró el dorsal y la constitución física de ese jugador, ¿PIKA?… y como si no fuera con el la cosa empieza a trotar paralelo a la linea de banda izquierda, para llegar al centro del campo, salirse a un metro de este y sentarse, ¡de donde él nunca se había movido! El árbitro pita ensayo, los ingleses se lo comen, acaba el partido, GANAMOS.

YO, sí yo, fui testigo (mi pase fue el último), del mejor ensayo de la historia del rugby, GRACIAS PIKA!!!

La recta final

“La vuelta fue con muchas expectativas porque yo extrañaba mucho el CRAI”, cuenta. Aunque, en un principio, ese entusiasmo no pareció durar demasiado. Es que en 2004 tuvo un primer intento de retiro. “Año 2004, tenía la cabeza muy quemada y allá por agosto, septiembre dije que llegaba hasta ahí. El capitán era Goli y yo formaba parte del equipo que tenía que viajar a Rosario. Cuando me fue a despertar, le dije: ‘me retiro. Goli, hasta acá llegue’. Me retiré en septiembre y no jugué hasta el otro año. En realidad lo cagué a mi hermano”, cuenta y se ríe como un nene.

Su retiro duró unos meses, hasta 2005. Después de ahí vino lo que el marca como su segundo mejor momento: la madurez y la capitanía que le cambiaron el rol dentro del grupo. “En 2006 me represento, por primera vez, la posibilidad de conducir el plantel desde donde me toque”.

“El 2008 fue un año fantástico a pesar no de haberlo terminado como queríamos. En 2009 o 2010, que también llegamos a las finales, fueron años muy lindos. Se disfrutaron de otra manera, con otros compañeros, con otros amigos. Con mis hermanos, solo con Goli. Pero hoy digo ‘que suerte que lo compartí con los que me tocó, con los nuevos amigos que tuve'”, recuerda con una sonrisa.

En el momento de los balances, enseguida menciona el orgullo de haber compartido el primer equipo con sus tres hermanos. “Fue espectacular, habrán sido 4 o 5 temporadas que jugamos juntos. En casa vivíamos todos, se respiraba rugby, se hablaba todo el tiempo. El malhumor de las derrotas, la alegría de las victorias, todo se vivía con mucha intensidad. Aparte era un caso atípico”.

En el recuento de los jugadores con lo que más le gustó compartir cancha aparecen nombres del CRAI y de otros equipos de Santa Fe. Al ya mencionado Cococho Álvarez se le suman el Gringo Colli, Jose De Biaggio y Andrés Yrigoyen. Del Colo, ex apertura de Uni, solo tiene palabras de elogio. “Fue, para mi, el mejor jugador que me tocó enfrentar y que yo vi acá en Santa Fe. Durante 10 años nos volvió loco. Me hubiera encantado tenerlo en mi equipo. Un gran tipo. Y el gringo es sin dudarlo, mi gran amigo fuera del ambiente del club”.

La lista de nombres del Gitano es un poco más larga y va desde sus primeros compañeros hasta los más chicos, con los que compartió sus últimos años. “Del CRAI, y otro de los mejores jugadores que yo vi, sin dudas Falu Quirelli.Tenía un talento particular a pesar de que por ahí lo traicionaba su carácter. También Juani Doldan, Pedro Funes, Fede Lupotti y Mateo Busaniche De los más chicos, al que le vi hacer cosas que no se las vi a nadie, es a Francisco (Escobar Cello). También me sentí muy identificado con Pipito, quien me daba una seguridad inusual. No me quiero olvidar de Gogui y Elmer, Silvio Vicens, Adrian Mingarini y Matias Dalla Fontana”, dice y asegura que se olvida de algunos.

El Retiro y las cuentas pendientes

Dejar el rugby no fue nada fácil para Pica. Tan es así que, dice, todavía le cuesta ir al club a mirar los partidos aunque cree que con el tiempo se le va a pasar y podrá volver al club, como hincha o -quizás- como entrenador.

El día de su retiro, rodeado de Gitanos

El día de su retiro, rodeado de Gitanos

“La parte del retiro fue muy difícil. Yo venía pensándola desde el 2005 más o menos. Siempre me preguntaba ¿cuándo me voy a retirar, qué voy a hacer después? Yo siempre tuve en mente tratar de irme yo, que no me retire ninguna lesión, ni jugar por el nombre. Creo que en términos generales lo logre, a pesar de que el año que me retiré me hubiese gustado tener más continuidad y jugar en primera, cosa que no sucedió. Bueno, las cosas se dieron por una cuestión natural pero fueron unos meses y lo dejé. Lo soñé de otra forma, más allá del reconocimiento, de los compañeros y amigos, que me encantó”.

Por último, enumera las dos deudas que le quedaron como jugador. “Salir campeón, ya que nos costó mucho ver la copa tan cerca y, por otro lado, también me hubiese gustado adquirir la conciencia que tuve más de grande cuando subí a primera. Si volviera el tiempo atrás me mediría a ver hasta dónde podría haber llegado”.

La pava ya está fría hace rato. El tiempo, entre idas y vueltas por los años, se fue volando y el protagonista avisa que se tiene que ir a entrenar. Se nota que hay mañas, y algunas locuras, que no se pierden con el retiro.

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