EL DÍA

Cuando salí para el centro de Londres, a las 10 de la mañana, no sabía ni de cerca lo que iba a vivir. Cuando llegué a la terminal de Waterloo ya se veían algunos hinchas aunque todavía faltaba un rato largo para el kick off.

2015-09-18 19.53.19

Aproveché para dar una vuelta, la foto de rigor con el Big Ben de fondo, un paseo al costado del Thames y arrancar para Twikenham. Faltaba la comida, nada menos. Para seguir cumpliendo con los rituales del recién llegado busqué un carribar y pedí un Fish & Chip. Ahora sí, con la panza llena, al estadio.

Subir al tren no fue un problema, el servicio estaba reforzado desde temprano. El inconveniente fue que a mitad de camino se paró y así nos quedamos un rato. Apretados y con muchísimo calor.

Las primeras cuadras rumbo a la cancha fueron una procesión lenta pero animada. Se empezaba a vivir el comienzo de un enorme mundial: too big to miss (demasiado grande para perdérselo). En el camino me crucé con Graham Henry pero venía pensando en no perderme así que no le pedí ni una foto ni nada. Mala mía.

Busqué mi acreditación general y tanteé el terreno para ver si sobraba una entrada, convencido que iba a ser imposible conseguir una ese día, EL DÍA. “Andá a preguntar, quizás encontrás”, me dijeron. Se abrió una esperanza y allá fui.

En la sala de prensa me encontré con un español, corresponsal de la agencia EFE. Él sí estaba acreditado pero necesitaba el ticket, me quedé con él y después de un par de consultas fuimos a las oficinas correspondientes. “Espero verte adentro y si no, nos vemos para Los Pumas”, me dijo y se fue con su ticket. Me dijeron que espere un rato, si se cumplía cierto tiempo y había entradas sin retirar, entonces nos darían. A esta altura estaba hablando con un periodista francés (en pareja con una chilena) que manejaba el castellano perfecto. Llegaron algunos colegas más de argentina y la impaciencia iba creciendo. De todos modos los indicios de la gente de la organización eran alentadores. Increíblemente quedaban muchas acreditaciones sin retirar.

Se empezaron a escuchar los petardos de la fiesta inaugural y nosotros seguíamos ahí. Uno de los del grupo salió para una radio y se arriesgó a decir que estábamos entrando al estadio aunque no teníamos el ok definitivo. Faltaban 20 minutos cuando se acabó la espera. La emoción por estar ahí fue inexplicable.

Las luces finales de la apertura y los himnos cantados por el coro del Rugby School le arrancaron una lágrima al más duro.

El silbatazo del árbitro dio inicio al Mundial. Swing low, sweet charriot, rugieron las 80 mil personas y supe que estaba donde tenía que estar.

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