Reflexión semifinal

Pasó un día ya desde la derrota de Los Pumas y la sensación amarga todavía molesta. El equipo Argentino llegó ayer a Twikenham con chances claras de ganar y eso es lo que duele. Porque con otro arranque el partido hubiese sido otro, o con la última del primer tiempo. Pero no fue, y esto es así. Aunque ayer haya sido el fin de la ilusión de llegar a jugar el último partido y de alguna manera ya se empieza a bajar el telón de la Copa del Mundo, resta un partido. El partido que nadie quiere jugar, aunque Creevy pidió cambiar el chip rápidamente y salir a buscar el 3º puesto. En frente estará Sudáfrica al que se le ganó este año. Pero otra será la historia, y será durísima, sin dudas.

Foto: Anibal Greco
Las primeras palabras de esta nota las escribí desde la sala de prensa, a unos metros de la cancha. Las interrumpí por la conferencia y recién las retomo ahora. Queda la imagen de esa sala llena de colegas de todo el mundo hablando de Los Pumas. Los argentinos no pudiendo disimular la cara larga mientras los extranjeros no dejaban de felicitarnos a nosotros, los periodistas, como si también fuéramos parte del equipo.

¿Qué decir del partido que no se haya dicho? Argentina nunca se recuperó de un comienzo fatal (con 14 puntos en contra, Creevy e Imhoff afuera). Pero cayó de pie y sin resignar la forma de juego que lo trajo hasta acá. El segundo tiempo fue pura garra pero también pura impotencia. No se pudo quebrar nunca a Australia. El equipo de Hourcade, por primera vez, no marcó tries en esta copa pero no por falta de méritos o intentos sino porque su rival supo cómo anularlos.

El golpe fue fuerte, no quedan dudas, pero en el fondo hay satisfacción por haber vuelto a estar entre los cuatro primeros. Se dejó todo y no se pudo, por eso las lágrimas del entrenador y la tristeza de todo el equipo.

Faltan uno días y ya vendrán los balances pero hay cosas que no se pueden dejar de rescatar aun con el resultado de ayer fresco. El cambio de paradigma del juego argentino, que se venía insinuando hace algunos años, se consolidó. La base de jugadores de este plantel es muy joven y eso hace que para el futuro haya muy buenos augurios. Más teniendo en cuenta que el equipo franquicia ya es una realidad.

Queda el sabor amargo pero todavía falta y como siempre, hay que pararse y seguir. Se terminó el sueño de la final pero queda un rato antes de despertar.

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